Muro de Berlín El Muro de Berlín cayó el 9 de noviembre de 1989. La apertura del muro, conocida en Alemania con el nombre de ''El Cambio'' traducido al Español, fue consecuencia de las exigencias de libertad de
circulación en la ex-RDA y las evasiones constantes hacia las embajadas
de capitales de países del Pacto de Praga y Varsovia y por la frontera entre Hungría y Austria,
que impuso menos restricciones. En septiembre,
más de 13.000 alemanes orientales emigraron hacia Hungría. Hacia el
final de 1989 comenzaron manifestaciones masivas en contra del gobierno
de la Alemania Oriental. El líder de la RDA, Erich Honecker, renunció el 18 de octubre de 1989, siendo reemplazado por Egon Krenz pocos días más tarde. Tras el 6 de noviembre se hizo público el proyecto de una nueva
legislación para viajar, que recibió duras críticas, y el gobierno
checoslovaco protestó por vías diplomáticas por el aumento de la
emigración desde la RDA a través de Checoslovaquia. El SED
decidió regular los viajes al exterior. El 9 de noviembre se promulgó un plan que permitía
obtener pases para viajes de visita. Se elaboró un modelo en el Consejo
de Ministros, que se decidió ese mismo día y que
debía ser publicado y difundido en forma de circular por las agencias de noticias, aunque hubo una objeción al
procedimiento por parte del Ministerio de Justicia. Paralelamente, el
modelo del Ministerio fue estudiado y aprobado en el Comité Central. El miembro del Politburó del SED Günter Schabowski
anunció en una conferencia de prensa, retransmitida en directo por la
televisión de Alemania Oriental, que todas las restricciones habían sido
retiradas y, creyendo que podrían pasar sin ningún trámite al otro
lado, decenas de miles de personas fueron inmediatamente al muro, donde
los guardas fronterizos no se atrevieron a disparar y finalmente
abrieron los puntos de acceso permitiendo el paso. Schabowski acabó la
conferencia de prensa a las 18:53. Se encontraban presentes sobre el
podio junto a Schabowski los miembros del Comité central del SED Helga
Labs, Gerhard Beil y Manfred Banschak. La cuestión se remitió a las
actas de la conferencia de prensa. El corresponsal de la agencia italiana ANSA, Riccardo Ehrman, Refiriéndose a una ley de permisos de viaje muy confusa que había
provocado un éxodo de miles de alemanes a través de las fronteras de
Checoslovaquia y Hungría. Schabowski, sacó unos papeles del bolsillo, y
repitió que, para evitar más líos, los ciudadanos de la RDA podrían ir
al Oeste, esta vez sin pasaporte ni visado: sólo mostrando el carné de
identidad o un documento parecido.
La construcción del Muro de Berlín y, especialmente su caída, han
formado parte de los momentos más importantes de la historia del siglo
XX. Este muro dividió Berlín en dos partes durante 28 años, separando a familias y amigos.
Antecedentes
Al
finalizar la II Guerra Mundial, tras la división de Alemania, Berlín
también quedó dividida en cuatro sectores de ocupación: soviético,
estadounidense, francés e inglés. Las malas relaciones entre los comunistas y los aliados fueron creciendo hasta llegar al punto en que surgieron dos monedas, dos ideales políticos y, finalmente, dos alemanias. En 1949, los tres sectores occidentales (estadounidense, francés y británico) pasaron a llamarse República Federal Alemana (RFA) y el sector oriental (soviético) se convirtió en la República Democrática Alemana (RDA). Berlín quedó dividida y se crearon 81 puntos de paso entre las dos zonas de la ciudad.
La construcción del muro
La maltrecha economía soviética y la
floreciente Berlín occidental hicieron que hasta el año 1961 casi 3
millones de personas dejaran atrás la Alemania Oriental para adentrarse
en el capitalismo. La RDA comenzó a darse cuenta de la pérdida de población que sufría (especialmente de altos perfiles) y, la noche del 12 de agosto de 1961, decidió levantar un muro provisional y cerrar 69 puntos de control, dejando abiertos sólo 12. A la mañana siguiente, se había colocado una alambrada provisional de 155 kilómetros que separaba las dos partes de Berlín. Los medios de transporte se vieron interrumpidos y ninguno podía cruzar de una parte a otra. Durante
los días siguientes, comenzó la construcción de un muro de ladrillo y
las personas cuyas casas estaban en la línea de construcción fueron
desalojadas. Con el paso de los años, hubo muchos intentos de escape, algunos con éxito, de forma que el muro fue ampliándose hasta límites insospechados para aumentar su seguridad.
El Muro de Berlín acabó por convertirse en una pared de hormigón
de entre 3,5 y 4 metros de altura, con un interior formado por cables de
acero para aumentar su resistencia. En la parte superior colocaron
una superficie semiesférica para que nadie pudiera agarrarse a ella. Acompañando
al muro, se creó la llamada "franja de la muerte", formada por un foso,
una alambrada, una carretera por la que circulaban constantemente
vehículos militares, sistemas de alarma, armas automáticas, torres de
vigilancia y patrullas acompañadas por perros las 24 horas del día.
Tratar de escapar era similar a jugar a la ruleta rusa con el depósito
cargado de balas. Aun así, fueron muchos los que lo intentaron. En
1975, 43 kilómetros del muro estaban acompañados de las medidas de
seguridad de la franja de la muerte, y el resto estaba protegido por
vallas.
Cruzando al muro
Entre 1961 y 1989 más de 5.000 personas trataron de cruzar el muro y más de 3.000 fueron detenidas. Alrededor de 100 personas murieron en el intento, la última de ellas el 5 de febrero de 1989. En el Museo del Muro de Checkpoint Charlie se narran las historias más curiosas de cómo la gente consiguió cruzar el muro.
La caída del muro de Berlín
La caída del muro vino motivada por la apertura de fronteras entre Austria y Hungría en mayo de 1989,
ya que cada vez más alemanes viajaban a Hungría para pedir asilo en las
distintas embajadas de la República Federal Alemana. Este hecho, motivó
enormes manifestaciones en Alexanderplatz que llevaron a que, el 9 de noviembre de 1989 el gobierno de la RDA afirmara que el paso hacia el oeste estaba permitido. Ese mismo día, miles de personas se agolparon en los puntos de control para poder cruzar al otro lado y nadie pudo detenerlos, de forma que se produjo un éxodo masivo. Al día siguiente, se abrieron las primeras brechas en el muro y comenzó la cuenta atrás para el final de sus días. Una vez liberados, familias y amigos pudieron volver a verse después de 28 años de separación forzosa.
Dónde ver los restos del muro de Berlín
La parte más importante que se ha mantenido en pie se encuentra en la zona conocida como East Side Gallery.
Allí se pueden recorrer 1,3 kilómetros del muro decorado con
impresionantes pinturas que reflejan multitud de acontecimientos
relacionados con el muro. En la exposición denominada Topografía del Terror, situada junto a Checkpoint Charlie, también se pueden encontrar importantes restos del muro.
miércoles, 21 de mayo de 2014
Caída del muro de Berlín (1989)
El muro de Berlín, bautizado oficialmente como “Muro de Protección Antifascista” por la República socialista Democrática Alemana o RDA, fue erigido el 13 de agosto de 1961 por el bloque soviético presuntamente para proteger a su población de supuestos elementos fascistas que pudieran conspirar para evitar la voluntad popular de construir un estado socialista en Alemania del Este. Pero la verdadera razón fue otra. Hasta ese día, casi tres millones de alemanes del Este habían abandonado el Estado comunista para refugiarse en la República Federal Alemana, una huida masiva que resultaba verdaderamente insoportable para los comunistas, ya que afectaba gravemente a las estructuras social y económica de la RDA por un doble motivo: por la sangría demográfica que suponía y porque, en general, quienes abandonaban el país eran los profesionales más cualificados. El muro, uno de los símbolos más patentes de la denominada “Guerra Fría”, el conflicto no declarado entre Estados Unidos y la Unión Soviética que dividió política y económica en dos grandes bloques al mundo entero, se extendió a lo largo de 45 kilómetros, dividiendo a la ciudad de Berlín en dos partes, además de 115 kilómetros que separaban a la parte occidental de la ciudad del territorio de la RDA. Su pared medía más de cinco metros de altura y estaba coronada por un tubo de 40 centímetros de diámetro que impedía aún más la posibilidad de atravesarla. Aparte de ello, existía la llamada “franja de la muerte” o tierra de nadie, un área de aproximadamente dos metros de anchura, limitada por una verja de dos metros de altura que, en algunos tramos, estaba minada y electrificada y se encontraba permanentemente vigilada por soldados armados y perros adiestrados.
En la práctica el muro, que comenzó a ser llamado “el muro de la vergüenza” por los propios alemanes, dividió a Alemania en dos partes, separando a la RDA de la República Federal Alemana, obligando a los alemanes que quedaron en la Alemania del Este a vivir bajo un férreo y opresor sistema socialista, impidiéndoles de paso que pudieran transitar libremente hacia Occidente. Después de 28 años de oprobio, las políticas reformistas impulsadas desde mediados de la década de 1980 en la Unión Soviética por el líder soviético Mijail Gorbachov se tradujeron en la decisión de abrir poco a poco las fronteras de la República Democrática Alemana. El 9 de noviembre de 1989, finalmente, y después de una breve conferencia de prensa realizada por el jefe de prensa del Partido Comunista oriental, se anunció, visado mediante, la libertad para viajar hacia la otra Alemania o a cualquier parte del mundo, elecciones libres y la configuración de un Nuevo Gobierno. Ello pareció anunciar por fin el desmoronamiento de la aterradora estructura de hierro, cemento y alambre que por casi tres décadas aisló brutalmente a todo un pueblo. Los alemanes del este reaccionaron de inmediato. Miles de berlineses, tanto del lado oriental como occidental, se aglomeraron frente al muro y sus barreras fronterizas tomando parte ese mismo día en una de las acciones político-sociales más relevantes del siglo XX: la caída del muro de Berlín. Muchos jóvenes alemanes orientales, con pequeñas mochilas al hombro, vacilaron antes de saltar el Muro. Una hora antes, sólo aventurarse cerca de la barrera habría significado la muerte inmediata. Pero ahora muchas manos desde el otro lado se extendieron para ayudarlos. Como tantos otros, esa larga noche del jueves 9 de noviembre, saltaron finalmente las barreras que fueron completamente inútiles, paseándose felices por las iluminadas calles de Berlín Occidental. Otros, en tanto, con martillos e improvisadas picas en las manos, compartieron desde arriba del muro la alegría de derribarlo trozo a trozo, muy cerca de la imponente puerta de Brandenburgo. Desde lejos los sombríos policías de la ex RDA observaban recelosos, pero por el otro lado los improvisados anfitriones occidentales se fundieron en un emocionado abrazo con sus visitantes. El canciller de Alemania Federal, habiendo interrumpido abruptamente su viaje a Polonia, acompañado de Willy Brandt y otras personalidades, se mezclaron con la multitud para dar la bienvenida a los recién llegados. La acelerada desintegración del aparato político de la Alemania Oriental, primero a las órdenes del anciano Erich Honecker –quien se refugiaría posteriormente en Chile con su esposa e hija- y luego de Egon Kretz, sólo fue el preludio de un gigantesco desbande. Desde Leipzig hasta Dresde, más de un millón de alemanes se movilizaron exigiendo libertad de expresión y movimiento, liberalismo político, cese de discriminaciones y privilegios y el reconocimiento oficial de los representantes de los partidos políticos de oposición. El socialismo soviético había caído y, con él, su “muro de la vergüenza”.
El muro de Berlín, bautizado oficialmente como “Muro de Protección Antifascista” por la República socialista Democrática Alemana o RDA, fue erigido el 13 de agosto de 1961 por el bloque soviético presuntamente para proteger a su población de supuestos elementos fascistas que pudieran conspirar para evitar la voluntad popular de construir un estado socialista en Alemania del Este.
Pero la verdadera razón fue otra. Hasta ese día, casi tres millones de alemanes del Este habían abandonado el Estado comunista para refugiarse en la República Federal Alemana, una huida masiva que resultaba verdaderamente insoportable para los comunistas, ya que afectaba gravemente a las estructuras social y económica de la RDA por un doble motivo: por la sangría demográfica que suponía y porque, en general, quienes abandonaban el país eran los profesionales más cualificados.
El muro, uno de los símbolos más patentes de la denominada “Guerra Fría”, el conflicto no declarado entre Estados Unidos y la Unión Soviética que dividió política y económica en dos grandes bloques al mundo entero, se extendió a lo largo de 45 kilómetros, dividiendo a la ciudad de Berlín en dos partes, además de 115 kilómetros que separaban a la parte occidental de la ciudad del territorio de la RDA. Su pared medía más de cinco metros de altura y estaba coronada por un tubo de 40 centímetros de diámetro que impedía aún más la posibilidad de atravesarla. Aparte de ello, existía la llamada “franja de la muerte” o tierra de nadie, un área de aproximadamente dos metros de anchura, limitada por una verja de dos metros de altura que, en algunos tramos, estaba minada y electrificada y se encontraba permanentemente vigilada por soldados armados y perros adiestrados.
En la práctica el muro, que comenzó a ser llamado “el muro de la vergüenza” por los propios alemanes, dividió a Alemania en dos partes, separando a la RDA de la República Federal Alemana, obligando a los alemanes que quedaron en la Alemania del Este a vivir bajo un férreo y opresor sistema socialista, impidiéndoles de paso que pudieran transitar libremente hacia Occidente.
Por supuesto, desde el momento mismo de su ominosa inauguración, muchos alemanes que querían buscar la libertad en el “otro lado” intentaron sortear el muro y cruzar a la Alemania Occidental, eludiendo la dura vigilancia de los guardias fronterizos de la RDA. Y no fueron pocos los que murieron en el intento. El número exacto de víctimas todavía no está del todo claro, pero la Fiscalía de Berlín considera que el saldo total fue de 270 personas, incluyendo 33 alemanes que fallecieron como consecuencia de la detonación de minas. Estas muertes, al cabo, sólo endurecieron la radical prohibición de cruzar el muro impuesta a los oprimidos alemanes orientales.
Se desploma el “muro de la vergüenza”
Después de 28 años de oprobio, las políticas reformistas impulsadas desde mediados de la década de 1980 en la Unión Soviética por el líder soviético Mijail Gorbachov se tradujeron en la decisión de abrir poco a poco las fronteras de la República Democrática Alemana. El 9 de noviembre de 1989, finalmente, y después de una breve conferencia de prensa realizada por el jefe de prensa del Partido Comunista oriental, se anunció, visado mediante, la libertad para viajar hacia la otra Alemania o a cualquier parte del mundo, elecciones libres y la configuración de un Nuevo Gobierno. Ello pareció anunciar por fin el desmoronamiento de la aterradora estructura de hierro, cemento y alambre que por casi tres décadas aisló brutalmente a todo un pueblo.
Los alemanes del este reaccionaron de inmediato. Miles de berlineses, tanto del lado oriental como occidental, se aglomeraron frente al muro y sus barreras fronterizas tomando parte ese mismo día en una de las acciones político-sociales más relevantes del siglo XX: la caída del muro de Berlín.
Muchos jóvenes alemanes orientales, con pequeñas mochilas al hombro, vacilaron antes de saltar el Muro. Una hora antes, sólo aventurarse cerca de la barrera habría significado la muerte inmediata. Pero ahora muchas manos desde el otro lado se extendieron para ayudarlos. Como tantos otros, esa larga noche del jueves 9 de noviembre, saltaron finalmente las barreras que fueron completamente inútiles, paseándose felices por las iluminadas calles de Berlín Occidental.
Otros, en tanto, con martillos e improvisadas picas en las manos, compartieron desde arriba del muro la alegría de derribarlo trozo a trozo, muy cerca de la imponente puerta de Brandenburgo. Desde lejos los sombríos policías de la ex RDA observaban recelosos, pero por el otro lado los improvisados anfitriones occidentales se fundieron en un emocionado abrazo con sus visitantes. El canciller de Alemania Federal, habiendo interrumpido abruptamente su viaje a Polonia, acompañado de Willy Brandt y otras personalidades, se mezclaron con la multitud para dar la bienvenida a los recién llegados.
La acelerada desintegración del aparato político de la Alemania Oriental, primero a las órdenes del anciano Erich Honecker –quien se refugiaría posteriormente en Chile con su esposa e hija- y luego de Egon Kretz, sólo fue el preludio de un gigantesco desbande. Desde Leipzig hasta Dresde, más de un millón de alemanes se movilizaron exigiendo libertad de expresión y movimiento, liberalismo político, cese de discriminaciones y privilegios y el reconocimiento oficial de los representantes de los partidos políticos de oposición. El socialismo soviético había caído y, con él, su “muro de la vergüenza”.